03.05.2015 Views

Jesus el Cristo - Cumorah.org

Jesus el Cristo - Cumorah.org

Jesus el Cristo - Cumorah.org

SHOW MORE
SHOW LESS

Create successful ePaper yourself

Turn your PDF publications into a flip-book with our unique Google optimized e-Paper software.

qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora." Jesús entendió los pensamientos d<strong>el</strong> hombre, y<br />

le habló de esta manera: "Simón, una cosa tengo que decirte", a lo cual <strong>el</strong> fariseo respondió: "Di,<br />

Maestro." Jesús continuó: "Un acreedor tenía dos deudores: <strong>el</strong> uno le debía quinientos denarios, y <strong>el</strong><br />

otro cincuenta; y no teniendo <strong>el</strong>los con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de <strong>el</strong>los le amará<br />

más?" No había sino una respuesta que lógicamente correspondiera, y fue la que dio Simón, aunque al<br />

parecer con alguna vacilación o reserva. Posiblemente temía verse comprometido. "Pienso—dijo—<br />

que aqu<strong>el</strong> a quien perdonó más." Jesús lo confirmó:. "Rectamente has juzgado"; y entonces añadió:<br />

"¿Ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con<br />

lágrimas, y los ha enjugado con sus cab<strong>el</strong>los. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha<br />

cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies."<br />

El fariseo no pudo menos que notar aqu<strong>el</strong>la observación tan directa que se le hizo por haber<br />

prescindido de los ceremoniales más comunes de respeto hacia un invitado especial. La lección de la<br />

historia había hallado su aplicación en él, así como la parábola de Natán había hecho que <strong>el</strong> rey David<br />

se condenara a sí mismo con su respuesta. 1 "Por lo cual—siguió diciendo Jesús—te digo que sus<br />

muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aqu<strong>el</strong> a quien se le perdona poco, poco<br />

ama." Entonces se volvió a la mujer y le habló las palabras de bendito alivio: "Tus pecados te son<br />

perdonados." Simón y los otros que estaban a la mesa murmuraron dentro de sí: "¿Quién es éste, que<br />

también perdona pecados?" Entendiendo su protesta silenciosa, <strong>Cristo</strong> se dirigió de nuevo a la mujer:<br />

"Tu fe te ha salvado, vé en paz."<br />

La última parte d<strong>el</strong> r<strong>el</strong>ato evoca otra ocasión en que <strong>Cristo</strong> concedió la remisión de pecados, y por<br />

motivo de la oposición que se manifestó en los pensamientos de algunos oyentes—oposición no<br />

menos efectiva a pesar de no haberse expresado verbalmente—había complementado su afirmación<br />

autoritativa con otro pronunciamiento.<br />

No se ha escrito <strong>el</strong> nombre de esta mujer que vino a <strong>Cristo</strong> en la forma ya narrada, y cuyo<br />

arrepentimiento fue tan sincero que ganó para su alma agradecida y contrita la seguridad de la<br />

remisión de sus pecados. No hay ninguna evidencia de que <strong>el</strong>la figure en algún otro acontecimiento<br />

asentado en las Escrituras. Ciertos escritores la han representado como María de Betania, la que, poco<br />

antes de la traición de <strong>Cristo</strong>, ungió la cabeza de Jesús con perfume de nardo; pero hallamos que esta<br />

identidad supuesta carece de todo fundamento, y empaña con una sospecha injustificada la vida<br />

anterior de María, la devota y amorosa hermana de Lázaro. Igualmente erróneo es <strong>el</strong> esfuerzo que han<br />

hecho otros de identificar esta pecadora arrepentida y perdonada con María Magdalena, cuya vida, en<br />

lo que a las Escrituras concierne, nunca se vio manchada por <strong>el</strong> pecado de la inmoralidad. La<br />

importancia de evitar la comisión de errores respecto de la identificación de estas mujeres dicta la prudencia<br />

de añadir algunos párrafos adicionales a lo que ya se ha dicho.<br />

En <strong>el</strong> siguiente capítulo d<strong>el</strong> que contiene la r<strong>el</strong>ación de los acontecimientos que hemos estado<br />

considerando, S. Lucas p dice que Jesús anduvo por toda la región visitando todas las ciudades y<br />

aldeas, predicando y anunciando <strong>el</strong> evang<strong>el</strong>io de Dios. En este viaje lo acompañaron los Doce y<br />

también "algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que<br />

se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana mujer de Chuza, intendente de<br />

Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes". Se hace referencia adicional a<br />

algunas de estas mujeres honorables, o a todas <strong>el</strong>las, al hablar de la muerte, sepultura y resurrección de<br />

nuestro Señor, y se hace particular mención de María Magdalena.* 1 Esta María, cuyo segundo nombre<br />

probablemente deriva de Magdala, su pueblo natal, había sido sanada, por intervención de Jesús, de<br />

sus aflicciones físicas así como mentales, causadas, éstas, por la presencia de espíritus malignos. Nos<br />

es dicho que <strong>Cristo</strong> había echado siete demonios de <strong>el</strong>la pero ni aun en tan grave aflicción hallamos<br />

justificación para afirmar que esta mujer no era virtuosa o casta.<br />

María Magdalena llegó a ser una de las amigas más íntimas que <strong>Cristo</strong> tuvo entre las mujeres; y su<br />

devoción hacia El, en calidad de su Sanador y Aqu<strong>el</strong> a quien adoraba como <strong>el</strong> <strong>Cristo</strong>, fue invariable;<br />

<strong>el</strong>la se acercó a la cruz mientras las otras mujeres se pararon lejos en los momentos de su agonía<br />

mortal; fue una de las primeras en llegar al sepulcro en la mañana de la resurrección, y <strong>el</strong> primer<br />

144

Hooray! Your file is uploaded and ready to be published.

Saved successfully!

Ooh no, something went wrong!