Antecedentes legales y parlamentarios - Ministerio de Defensa

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06.10.2014 Views

23 de octubre de 1986 724 instituciones y la mecánica de la ley de asegurar la justicia, que significa asegurar la acusación y la defensa frente a cualquiera y por cualquiera; si no nos convencemos de que no hay hombres con inmunidad que no puedan ser llevados a los estrados de la justicia; si no nos convencemos de que nadie puede estar protegido por la impunidad; si no nos convencemos de que entre todos tenemos que salvar la ley porque ello significará salvar su prestigio y no a los hombres que la pueden pisotear y violar; si no aprendemos a ser nosotros mismos —civiles y militares— esclavos de esa legislación; si no empezamos a decir esto en la mesa de nuestras casas todos los días; si no empezamos a hablar en serio —aunque ya se lo ha hecho— y profundamente en nuestro hogar acerca de qué significa violar los derechos humanos; si no empezamos a hablar en nuestras casas, con nuestros hijos de lo que significa el contenido de la libertad; si no empezamos a ejercer todos nosotros —civiles y militares— como un estilo de vida ese sacerdocio; si no empezamos a tomar esas actitudes en las cuestiones más insignificantes, en las que no tienen trascendencia para que sean fotografiadas y publicadas, respetando el derecho ajeno y las normas de la Constitución, desterrando para siempre la trampa y la gambeta a la ley; si no procedemos así esta ley de Defensa Nacional no servirá al país. Hoy sancionamos la norma. Pero si bien ya hemos empezado entre todos, debemos profundizar aun más. Si esta ley no está acompañada por el espíritu y la voluntad de los hombres, nunca funcionará. Será un pedazo de papel cuyo articulado se discutirá en los centros de investigaciones jurídicas y sociales, pero no se cumplirá. Tenemos la Constitución, pero fue violada mil veces y reemplazada por estatutos. Tuvimos que pagar, señor presidente, en los atajos necesarios para llegar a la democracia, el precio de normas puestas por los gobiernos de hecho, que reemplazaban las normas de la Constitución. Así, hemos tenido senados con dos senadores por la mayoría y uno por la minoría, al margen de los que establece la Constitución. Hemos vivido cosas desgarrantes. Yo provengo de una muchachada que le dijo a su partido que no debía sentarse en la Convención Constituyente de 1949. Pero también hubo una revolución o golpe de Estado que sin las mecánicas pertinentes un día la dejó a un costado. Son muchas las frustraciones de que hemos sido actores y no espectadores. Llevamos sobre nuestras espaldas aciertos y errores, pero tenemos la suficiente franqueza política de haber enmendado estos últimos en las confraternidades que hemos hecho los grandes partidos mayoritarios, aunque nos enfrentamos ferozmente más de una vez en nuestra historia, agraviando y provocando heridas profundas. A través de esos dos grandes paladines que fueron Balbín y Perón comenzamos a recorrer un camino de entendimiento difícil pero fructífero. Pero toda esa cadena de frustraciones tiene que servir para darle a esta ley el espíritu que le corresponde. Hombres de armas y hombres civiles que no comprendan el sentido profundo de lo que significa la República van a tener permanentemente un país con grupos sociales y políticos recelosos, que estarán atentos a detectar el primer error o desencuentro para “patear” la Constitución y esta misma ley. Por ello digo que mi posición respecto de este proyecto de ley es un voto de esperanza en que formulemos las políticas que nos permitan convivir trabajando en el marco de un estilo profundamente republicano que, en definitiva, nos integra sustancialmente; de esperanza en que logremos una felicidad cívica, porque es el producto de argentinos que, representando partidos políticos distintos, llegaron a un proyecto de ley posible y en él concertaron sus esperanzas de que esto sea un ejemplo a tener en cuenta en futuras discusiones; y por último, señor presidente, para que esta ley de Defensa Nacional sea el comienzo del histórico camino que debemos recorrer en la reconstrucción de nuestro país y el punto de partida para lograr que algún día las Fuerzas Armadas, junto con todos los hombres civiles de la Nación, lleguen a olvidar definitivamente los años de amargura y de desencuentro vividos y, de esa manera, se empeñen fundamentalmente

29a. reunión - continuación 22a. sesión ordinaria en el objetivo futuro de hacer un país más grande y mejor. Este es el sentido de mi voto por la afirmativa en el proyecto de ley que estamos considerando. (Aplausos). Sr. Presidente (Gómez Centurión).—Tiene la palabra el señor senador por La Rioja. Sr. Menem.—Señor presidente: voy a ser muy breve en la exposición que a continuación realizaré. Me limitaré a formular algunas citas para fundamentar el sentido de mi voto, dada la trascendencia que este proyecto de ley tiene para nuestro país. Creo que el punto fundamental respecto del tema de la defensa es, precisamente, determinar previamente el concepto que tenemos sobre lo que debe entenderse por defensa, porque de acuerdo con él, será la regulación en la materia. Nuestro concepto de defensa tiene un antecedente en aquella definición que en 1883 acuñara el mariscal prusiano Von der Goltz, que es el concepto de la Nación en armas. Piensa la guerra no tanto como un esfuerzo militar sino como un esfuerzo del conjunto de la población que compone la Nación. Así la guerra trasciende el campo de la batalla en el que se enfrentan los ejércitos. De esta forma, se comienza a hacer hincapié fundamentalmente en la logística, aprovisionamiento y disposición de todos y cada uno de los habitantes para que comprendan de qué manera su actividad en la producción o distribución incidirá en facilitar la acción de su propio ejército o dificultar la del enemigo. El 10 de junio de 1944, el coronel Perón pronunció una conferencia en la Universidad de La Plata acerca del significado de la Defensa Nacional desde el punto de vista militar. En esa oportunidad desarrolló el concepto de nación en armas adecuándolo a la situación argentina de aquel momento. Dificultades en la provisión de armamentos, dependencia tecnológica, industrialización incipiente pero no integrada constituían parte de la problemática a resolver desde la perspectiva de la nación en armas. La creación del Consejo Nacional de Posguerra obedeció también a esa entonces inédita concepción. De acuerdo con ella, la defensa nos lleva a concebir un proyecto nacional, es decir un proyecto de nación, y esto no era viable si no se daba un impulso decisivo a la industrialización, apartándose así del clásico esquema agroexportador. En este sistema el Estado no tenía un papel pasivo, antes bien se trataba de que a partir de una planificación cuidadosa orientara y se complementara con el sector privado. La meta consistía en la autosustentación económica, pero la Defensa Nacional no exigía solamente el desarrollo económico, sino que además requería que la población estuviera en condiciones físicas y educacionales aptas para brindar su participación en ese ámbito. Mejor alimentación, cuidado de la salud, escuelas para todos, eran algunos de los prerrequisitos para lograr una adecuada Defensa Nacional. Ha pasado casi medio siglo desde ese entonces y esta doctrina —aunque actualizada— mantiene su vigencia. La Defensa Nacional incluye el hecho de asegurar la independencia y la capacidad de autodeterminación nacional, defender la integridad territorial, controlar los recursos que constituyen el patrimonio de la Nación, proteger la vida y la libertad de sus habitantes y contribuir al mantenimiento de las instituciones democráticas. Estos y otros objetivos tienen un supuesto: la Defensa Nacional. Ésta consiste en el conjunto de los medios que, al desplegarse, impiden que un conflicto —que potencialmente conlleva el riesgo de convertirse en armado— se efectivice. Así, la Defensa Nacional constituye el camino para evitar la guerra. En este plano las Fuerzas Armadas desempeñan un papel especialísimo, pero no exclusivo, Para ello, han de constituirse en un órgano auténtico de la Defensa Nacional, esto es de la defensa ante agresiones externas y no para cumplir tareas policiales, porque esto sería minimizar el gran papel que deben desarrollar en la comunidad. En este sentido, resulta imprescindible su subordinación al poder político, su integración a la sociedad y no su marginalidad; esto ha de reflejarse tanto en su participación en todo lo relativo a la producción para la defensa como a la promoción cultural y social que asegure calidad de 725 1986

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instituciones y la mecánica <strong>de</strong> la ley <strong>de</strong> asegurar la justicia, que significa asegurar la acusación y<br />

la <strong>de</strong>fensa frente a cualquiera y por cualquiera; si no nos convencemos <strong>de</strong> que no hay hombres<br />

con inmunidad que no puedan ser llevados a los estrados <strong>de</strong> la justicia; si no nos convencemos<br />

<strong>de</strong> que nadie pue<strong>de</strong> estar protegido por la impunidad; si no nos convencemos <strong>de</strong> que entre todos<br />

tenemos que salvar la ley porque ello significará salvar su prestigio y no a los hombres que la<br />

pue<strong>de</strong>n pisotear y violar; si no apren<strong>de</strong>mos a ser nosotros mismos —civiles y militares— esclavos<br />

<strong>de</strong> esa legislación; si no empezamos a <strong>de</strong>cir esto en la mesa <strong>de</strong> nuestras casas todos los días; si no<br />

empezamos a hablar en serio —aunque ya se lo ha hecho— y profundamente en nuestro hogar<br />

acerca <strong>de</strong> qué significa violar los <strong>de</strong>rechos humanos; si no empezamos a hablar en nuestras casas,<br />

con nuestros hijos <strong>de</strong> lo que significa el contenido <strong>de</strong> la libertad; si no empezamos a ejercer todos<br />

nosotros —civiles y militares— como un estilo <strong>de</strong> vida ese sacerdocio; si no empezamos a tomar<br />

esas actitu<strong>de</strong>s en las cuestiones más insignificantes, en las que no tienen trascen<strong>de</strong>ncia para que<br />

sean fotografiadas y publicadas, respetando el <strong>de</strong>recho ajeno y las normas <strong>de</strong> la Constitución,<br />

<strong>de</strong>sterrando para siempre la trampa y la gambeta a la ley; si no proce<strong>de</strong>mos así esta ley <strong>de</strong> <strong>Defensa</strong><br />

Nacional no servirá al país.<br />

Hoy sancionamos la norma. Pero si bien ya hemos empezado entre todos, <strong>de</strong>bemos profundizar<br />

aun más. Si esta ley no está acompañada por el espíritu y la voluntad <strong>de</strong> los hombres, nunca<br />

funcionará. Será un pedazo <strong>de</strong> papel cuyo articulado se discutirá en los centros <strong>de</strong> investigaciones<br />

jurídicas y sociales, pero no se cumplirá.<br />

Tenemos la Constitución, pero fue violada mil veces y reemplazada por estatutos. Tuvimos<br />

que pagar, señor presi<strong>de</strong>nte, en los atajos necesarios para llegar a la <strong>de</strong>mocracia, el precio <strong>de</strong> normas<br />

puestas por los gobiernos <strong>de</strong> hecho, que reemplazaban las normas <strong>de</strong> la Constitución. Así,<br />

hemos tenido senados con dos senadores por la mayoría y uno por la minoría, al margen <strong>de</strong> los<br />

que establece la Constitución.<br />

Hemos vivido cosas <strong>de</strong>sgarrantes. Yo provengo <strong>de</strong> una muchachada que le dijo a su partido<br />

que no <strong>de</strong>bía sentarse en la Convención Constituyente <strong>de</strong> 1949. Pero también hubo una revolución<br />

o golpe <strong>de</strong> Estado que sin las mecánicas pertinentes un día la <strong>de</strong>jó a un costado. Son muchas<br />

las frustraciones <strong>de</strong> que hemos sido actores y no espectadores. Llevamos sobre nuestras espaldas<br />

aciertos y errores, pero tenemos la suficiente franqueza política <strong>de</strong> haber enmendado estos últimos<br />

en las confraternida<strong>de</strong>s que hemos hecho los gran<strong>de</strong>s partidos mayoritarios, aunque nos<br />

enfrentamos ferozmente más <strong>de</strong> una vez en nuestra historia, agraviando y provocando heridas<br />

profundas.<br />

A través <strong>de</strong> esos dos gran<strong>de</strong>s paladines que fueron Balbín y Perón comenzamos a recorrer un<br />

camino <strong>de</strong> entendimiento difícil pero fructífero.<br />

Pero toda esa ca<strong>de</strong>na <strong>de</strong> frustraciones tiene que servir para darle a esta ley el espíritu que le<br />

correspon<strong>de</strong>. Hombres <strong>de</strong> armas y hombres civiles que no comprendan el sentido profundo <strong>de</strong><br />

lo que significa la República van a tener permanentemente un país con grupos sociales y políticos<br />

recelosos, que estarán atentos a <strong>de</strong>tectar el primer error o <strong>de</strong>sencuentro para “patear” la<br />

Constitución y esta misma ley.<br />

Por ello digo que mi posición respecto <strong>de</strong> este proyecto <strong>de</strong> ley es un voto <strong>de</strong> esperanza en<br />

que formulemos las políticas que nos permitan convivir trabajando en el marco <strong>de</strong> un estilo<br />

profundamente republicano que, en <strong>de</strong>finitiva, nos integra sustancialmente; <strong>de</strong> esperanza en que<br />

logremos una felicidad cívica, porque es el producto <strong>de</strong> argentinos que, representando partidos<br />

políticos distintos, llegaron a un proyecto <strong>de</strong> ley posible y en él concertaron sus esperanzas <strong>de</strong> que<br />

esto sea un ejemplo a tener en cuenta en futuras discusiones; y por último, señor presi<strong>de</strong>nte, para<br />

que esta ley <strong>de</strong> <strong>Defensa</strong> Nacional sea el comienzo <strong>de</strong>l histórico camino que <strong>de</strong>bemos recorrer<br />

en la reconstrucción <strong>de</strong> nuestro país y el punto <strong>de</strong> partida para lograr que algún día las Fuerzas<br />

Armadas, junto con todos los hombres civiles <strong>de</strong> la Nación, lleguen a olvidar <strong>de</strong>finitivamente los<br />

años <strong>de</strong> amargura y <strong>de</strong> <strong>de</strong>sencuentro vividos y, <strong>de</strong> esa manera, se empeñen fundamentalmente

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